En la fiesta de la Ascensión, Jesús no se aleja de la humanidad: permanece vivo y nos envía a caminar juntos como Iglesia. Antes de subir al cielo, confía a sus discípulos la misión de anunciar el Evangelio “hasta los confines de la tierra” (Mt 28,19), recordándonos que nadie evangeliza solo. Como enseña Papa Francisco en Evangelii Gaudium, “la alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús”.
Por eso, la Iglesia está llamada a salir al encuentro del hermano, especialmente del que más sufre saliendo de sus encierros para llegar a las zonas marginales. La Ascensión inaugura así una Iglesia sinodal y en salida, guiada por el Espíritu y comprometida con la misión compartida.-